Una de las cosas que suele ser imprescindible en la fotografía macro es el trípode. Elegir un buen trípode puede suponer en muchos casos la diferencia entre conseguir la foto o no conseguirla.

 

 

La primera en la frente: los trípodes buenos son caros, no hay vuelta de hoja. Los trípodes baratos de aluminio, a parte de que se rompen con mirarlos, son muy poco estables y tienen pocas configuraciones. A eso hay que sumarle que normalmente traen la rótula incorporada, la cual no podremos cambiar por una que nos guste.

Para mi, los trípodes para fotografía macro deben tener, como mínimo, tres características:

  •  Que las patas pueden abrirse con distintos ángulos. Gran parte de la fotografía macro se realiza en el campo, y en el campo el suelo no siempre es regular y llano. Los trípodes baratos, al tener las patas unidas a la columna central, solamente permiten extender las patas a distintas alturas (y, obviamente, nunca a ras de suelo). Si podemos regular el ángulo de apertura de cada pata de manera independiente, podremos ajustar el trípode al terreno de una manera mucho más fiable. Es decir, evitar uno como el siguiente:

  • Columna central extraible. Esto tampoco lo tienen los trípodes baratos. No siempre el sujeto está colocado de manera óptima ni en la mejor localización. El poder extraer la columna para colocarla horizontalmente o, incluso colocarla de manera invertida puede ayudarnos a conseguir la posición óptima para la toma.

  • Pesados. Si, un trípode para macro tiene que ser pesado, no es negociable (bueno, un poco). Un poco de viento no siempre afecta a una paisajista, pero puede darnos la sensación de galerna si estamos haciendo fotografía macro. Un trípode pesado aguanta mejor los golpes de viento (al sujeto lo protegeremos del viento mediante pantallas, ropa o lo que tengamos a mano), y le podemos acoplar pinzas u otro tipo de material sin que ello afecte a su estabilidad. Hay gente que recomienda comprar un trípode ligero, de esos que tienen un gancho en la parte inferior de la columna para, luego, agregar peso (una bolsa llena de arena o piedrecitas) en el lugar. Es una solución… que anula la segunda condición. Ese peso solo es 100% funcional cuando la columna está en su posición original, en cuanto la ponemos horizontal no siempre será posible ponerla y perdemos totalmente esa posibilidad al invertirla. Lo se, un trípode puede pesar mucho cuando tienes que cargarlo durante una caminata larga para fotografiar alguna especie en concreto (y lo se de primera mano), pero hacerte 10 Km cargando todo el material para que luego la foto no salga por que el viento mueve el trípode puede llegar a ser muy frustrante. Este es el problema, cuando estás fotografiando te gustaría tener un trípode de hierro colado, de piedra o similar, que no se mueva ante nada, mientras que cuando hay que transportarlo quieres alguno con valor de peso negativo. Al final hay que encontrar un equilibrio entre robustez y ligereza.

 

Sobre el tema del material, hay uno muy importante: el trípode y las tormentas eléctricas. Siempre recomiendan que nos e usen trípodes de aluminio o de carbono por que son altamente conductores de la electricidad (otra razón para que no sea la mejor opción). En la realidad, cualquier objeto metálico y puntiagudo es un pararrayos genial (¿qué es un pararrayos si no un objeto metálico puntiagudo?) por lo que, en general, en caso de que nos pille una tormenta eléctrica en el campo, lo mejor es esconder el trípode y regresar a recogerlo cuando mejore el tiempo.

Como vemos, el mayor problema es el peso. Al final tendremos que encontrar la mejor relación estabilidad/peso que nos de los resultados que queremos, no sirve ni un trípode que se mueva con una ligera brisa (o que directamente no soporte el peso de nuestra cámara) ni tampoco un trípode que no seamos capaces de mover tres metros sin ayuda de una mula de carga.

Un punto extra son los apoyos. Un trípode debe tener una zona de contacto con el suelo estable. Lo mejor son aquellos con una patas de goma para cuando estamos en “lugares civilizados”, pero que pueden tener el extremo terminado en una punta metálica para clavarlos al terreno cuanto estamos en el campo.

 

A todo esto hay que sumarle algunas alternativas que tenemos:

  • Mini trípode: hay algunos mini trípodes que soportan el eso de una cámara reflex. Este trípode trípode sirve para tomas muy a ras de suelo.

  • Bean bag o bolsa de judías: es una bolsa, normalmente de tela, la cual se puede rellenar (inicialmente se hacía de judías, por eso el nombre) para poder apoyar la cámara, incluso darle cierta forma para conseguir determinados ángulos. Al igual que el mini trípode, para tomas a ras del suelo. La ventaja de esta bolsa es que podemos llevarla vacía y llenarla en el lugar con los materiales que tengamos a mano, y de esa manera nos ahorramos cargar parte del peso (a riesgo de no tener materiales en la zona).

Como puede verse, encontrar un buen trípode no es tan difícil. Simplemente es seguir un par de normas, encontrar el equilibrio peso/usabilidad/estabilidad y (la peor parte) disponer del dinero para comprar la que mejor se ajuste a nuestras necesidades.

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