Una de las cosas que recomiendan en fotografía es que salgamos con una idea en la cabeza. Es algo más que aconsejable para empezar a ordenar nuestra mente y aprender a discriminar equipo en caso de que tengamos muchos juguetes. Pero hay veces que no encuentras la foto.

Hace unos días me ofrecieron ir a fotografiar corzos en un rececho. Salí volando de la oficina con el tiempo pegado al culo, pensando qué equipo llevarme. Decidí llevarme la 7D y ser un poco generoso con los cristales. Tenía varias cosas en las que fijarme:

  1. Fotografía de animales salvajes, es decir, que eso de que se queden quietos no va a pasar, por lo que necesitaría teles largos.
  2. Salíamos sobre las 8, por lo que la primera hora tendría luz, pero luego caería muy rápidamente.
  3. Que es un rececho, por lo que me toca andar por el monte, me toca vigilar el peso.

Decido arriesgarme con el peso y llevo 4 lentes:

  • Canon 100-400 mm y un monopie
  • Canon 70-200 mm f4 (algún dia lo cambiaré por el f2.8)
  • Canon 100 mm f2.8 macro
  • Canon 28 mm f1.8

Los tres primeros para los corzos, ir recortando focal para tener luminosidad y el último para poder hacer alguna general aunque la luz bajase enormemente. Todo en bolsas en la cintura para ir accediendo rápidamente.

Entramos en la vaguada pasando por el collado, bajando por la ladera contraria. En silencio y barriendo con los prismáticos la ladera por donde suelen estar los corzos llegamos a media altura. En ese lugar vimos una corza junto a un gran matorral. Encuadro y veo que más que verse, el animal se intuye. Avanzamos a ver si desde otro ángulo podemos verla. Nos cruzamos con un zorro, también muy lejos.

Decidimos separarnos, uno de nosotros va a rodear el cerro a ver que sale (con mejor suerte que nosotros) y dos nos quedamos a la espera de que la corza sala del matorral, agazapados tras unas jaras.

Va pasando el tiempo y cambio el 100-400 por el 70-200 dado que la ladera donde se encuentra la corza da al este y está en sobra. treinta minutos después mido la luz y ya no tengo la foto, estoy a demasiada distancia para tirar con el 100mm, y si subo el ISO poniendo algo más largo tendría que pasar de 1600 y ya es demasiado ruido.

Tenemos que esperar al tercero, principalmente por que tiene las llaves del coche, por lo que decido cambiar el chip: no más corzo, a ver que saco con lo que tengo.

Durante la espera me ha dado tiempo a ver que tengo alrededor, y decido arriesgarme con una oruga que pacientemente subía una lavanda que tenia frente a mi. 100mm macro y monopie. Como ejercicio para practicar es divertido, pero macro casi a pulso en equilibrio y f2.8 no dan mucho de si.

Como la luz cae, pongo el 28mm f1.8, y empezamos a hacer el gamberro. Una vez que agotamos la categoría “fotografías que nunca saldrán de la cámara por demasiado ridículas”, miro al frente y me encuentro con el atardecer. Saco unas fotos para tener algo y decido esperar unos minutos, a ver si ros rojos del atardecer tiñen las nubes y, premio, un par de fotos y monto la panorámica que encabeza esta entrada.

Cuando salgas a hacer fotos (de manera no profesional), aunque intentes ceñirte a un guión, no te cierres a nada. No dejes que nada interfiera en un proyecto, pero tampoco dejes que un proyecto fallido te impida ver lo que tienes alrededor, un improvisado plan B puede salvarte una tarde de fotos.

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